Sobre el impacto popular del fascismo (Poulantzas, 1976)

Si hay un error característico de cierta izquierda, es el abuso del concepto de «fascismo»: la policía es fascista, los jefes son fascistas, el Estado es fascista. Caemos en el abuso de una metáfora que ha perdido el rastro del fenómeno original con el que comparamos (inadecuadamente y dentro de un uso del lenguaje puramente emocional) estas muy diversas realidades. «Fascista» se convierte en una moneda de curso legal que, de tanto pasarnos de mano en mano, ha perdido todo rastro de su cuño original. Así pues, dentro de las herramientas conceptuales que necesitamos para armarnos en el momento actual, se nos hace imprescindible una categorización del fascismo como fenómeno ubicado en un momento histórico muy acotado y en lugares muy concretos (años 30 en Italia y Alemania). Aunque no me considero preparado para abordar una reflexión profunda sobre esta materia, ni sobre fenómenos análogos al fascismo que sin embargo poseen especificidades propias (el régimen japonés, el falangismo español y el franquismo), propongo lo que es sólo el comienzo de la reflexión. El aspecto más importante aquí no es tanto alcanzar una definición completamente exacta, sino reconocer algunas de las líneas fundamentales para, en adelante, no seguir confundiendo conceptos por un abuso desmedido e infundado.

Para ello, en este post hago una recensión bastante escolar de un artículo de Nicos Poulantzas titulado «Sobre el impacto popular del fascismo»[1] (1976). Se trata de un texto breve que sólo trata aspectos generales, más desarrollados en su libro Fascismo y dictadura. A lo largo de este artículo, Poulantzas trata de dar una definición a eso que llama el «impacto popular» del fascismo. La expresión «impacto popular» es indicativa ante todo de una imprecisión conceptual, tanto en los análisis del fascismo como intrínsecamente en el propio fascismo. Para Poulantzas, los análisis tradicionales del fascismo se resumen en dos corrientes, articuladas en torno a dos preguntas:

  • ¿Cómo las masas han deseado el fascismo? Esta pregunta resume el enfoque de ciertas explicaciones psicoanalíticas como las del grupo Tel Quel o, sin ir más lejos, las del propio Freud (en el famoso Psicología de las masas). Sin mencionar a los teóricos del «inconsciente colectivo». Estos enfoques apuntan a la relación de los individuos con las masas, pasando por alto toda referencia al concepto de clase social.
  • ¿Cómo el fascismo ha hablado a las masas? En torno a este problema se agrupan las teorías que se han preguntado por el modo en que las masas o el pueblo (sin distinguir su composición) ha sido abducido por el discurso o el lenguaje fascista (entendido igualmente como una totalidad unitaria, un lenguaje único). Es la posición de J. P. Faye en su libro Les langages totalitaires. Este enfoque cae en la utopía idealista de que son las ideas las que hacen la historia, imposibilitando analizar el problema real, el funcionamiento preciso de la ideología fascista en el impacto popular del fascismo.

Contra estas posturas insuficientes, Poulantzas se plantea delimitar el hecho del impacto popular del fascismo en Alemania e Italia, para caracterizar algunos de sus aspectos únicos, que lo diferencian de otros fenómenos (por ejemplo, del entusiasmo popular ante la guerra interimperialista de 1914). El impacto popular del fascismo, es decir, la implantación del fascismo en los distintos sectores, estratos y clases sociales de la población italiana y alemana, fue posible por medio de una compleja estructura que da su especificidad a esa forma de Estado concreta, históricamente acotada y precisamente delimitada, que es el Estado fascista. Como dice Poulantzas,

In effect, fascism succeed in activating specific state apparatuses for the mobilization of the masses (parties, unions, etc.), a phenomenon one does not come across generally, at least not to the same extent and under the same institutional form (conditioning the very form of the state), in the other exceptional regimes.[2]

Poulantzas argumenta que precisamente, para movilizar a las masas en su compleja composición de clases y segmentos antagónicos, el régimen fascista desarrolló una pluralidad de aparatos que, más allá de la unidad aparente de un «discurso fascista», se dirigían a distintos grupos sociales en lenguajes diversos para aunarlos en una unidad descentrada y compleja, atravesada pues por contradicciones muy potentes.

1. UN PRIMER ANÁLISIS

Poulantzas comienza enumerando una serie de cuestiones que nos permitan hacernos una idea de la situación en Alemania e Italia durante el periodo del Estado fascista, y nos permitan profundizar en el problema. Comienza por una distinción entre las clases sociales que compondrían las masas populares:

Clases sociales y masas populares

  • La clase trabajadora. Habría estado menos contaminada por el fascismo de lo que se nos hace creer. Se encontraba sub-representada en los aparatos fascistas (partido, sindicatos) en relación con su población, y en lo fundamental se mantuvo fiel a las tradiciones socialista y comunista. Es más, la resistencia de la clase trabajadora, aunque raramente tomó la forma de levantamiento (caso de la resistencia italiana tras la caída de Mussolini), sí produjo algunas resistencias espontáneas: sabotaje, ralentización de la producción, absentismo, huelgas no oficiales…
  • Las clases populares en el campo. El nazismo apoyó ciertas clases populares en la Prusia oriental, donde persistían las relaciones feudales. Pero los campesinos pobres, con los obreros del campo a la cabeza, se mantuvieron impermeables al fascismo.
  • La pequeña burguesía tradicional (pequeños comerciantes y artesanos) así como nueva (empleados y funcionarios) efectivamente se volcó en masa hacia el fascismo. Se hallaba por consiguiente sobre-representada en sus aparatos.

Como podemos ver, el fenómeno del impacto popular del fascismo quedaría reducido en esencia al problema de la relación entre el fascismo y la pequeña burguesía, una relación marcada sin embargo por múltiples ambigüedades.

Categorías sociales y clases populares

En segundo término (aunque sea menos importante) hay que distinguir entre las diversas categorías sociales que componen las clases populares. El fascismo tuvo más influencia entre la gente joven, pero también entre la población femenina. Esto se debía al papel dominante adoptado por las formas institucionalizadas de la familia y la escuela, y de la ideología dominante en estas en aquella época en Alemania e Italia.

El proceso de desafección

De acuerdo con el impacto popular del fascismo, éste debe ser también sujeto a una periodización. En efecto, veremos un proceso de desafección a medida que éste demuestra abiertamente su carácter anti-popular. Un proceso que de manera ininterrumpida culmina en la Segunda Guerra Mundial, aunque presenta altibajos coyunturales. Vemos por ejemplo una popularidad renovada del nazismo tras la anexión de Austria, y del fascismo italiano durante la guerra de Libia. Intervienen aquí complejos factores nacionales. Pero como sea, sin este proceso de desafección, no se entiende que de manera masiva y repentina estallara un movimiento de resistencia en Italia tras la caída de Mussolini (o lo atribuiríamos erróneamente al oportunismo del pueblo italiano).

El aislamiento del régimen

A partir de lo precedente, resulta que debemos cuestionar el término de «impacto popular». Si ha existido acaso un «impacto», éste ha sido de alcance diverso dependiendo de clases o estratos relativos y según el periodo. Ese impacto oscila entre la adhesión activa e incondicional, al apoyo circunstancial y a la resignación pasiva. Por otro lado, hay que tener en cuenta asimismo el hecho de la simple y pura represión, que si bien no es explicativa por sí sola, es necesaria para enfrentar las explicaciones simplistas a partir del supuesto deseo del pueblo por el fascismo.

            Se puede menospreciar la resignación pasiva de los italianos y alemanes por haber tenido repercusiones equivalentes a la adhesión activa. Esto es enteramente falso, pues como fenómeno masivo la resignación de hecho se aproxima a la resistencia masiva permanente, que progresivamente aísla al régimen. El aislamiento acentúa las contradicciones internas del fascismo, expresadas en una serie de errores (militares o políticos) que contribuyen a precipitar su colapso.

2. LAS CAUSAS DEL «IMPACTO POPULAR» DEL FASCISMO

Llegamos así a la segunda faceta del problema, las causas del impacto popular del fascismo.

La política económica durante el primer periodo del fascismo

Si su política se basaba en la explotación, eso fue para ciertas clases y fracciones de las clases populares, y fue relativa, no absoluta (se produce un incremento de la explotación y de la tasa de beneficio empresarial, reparto desigual por tanto de los ingresos, aunque al principio se mantuviera el poder de compra de algunas clases populares). También siguió una estrategia diversificada: se basaba en la división de clases y fracciones, y fundamentaba los beneficios de algunas sobre las espaldas de otras.

            Pero quizá la razón más importante del triunfo del régimen fuera la absorción del desempleo, que formó parte del proceso de fascistización. La superación de la crisis económica por medio de la transformación del capitalismo competitivo en capitalismo monopolista, no sólo por una política económica que favorecía la acumulación del capital y la concentración, sino también por una política de expansión económica y armamentística (ya establecida por los gobiernos alemanes antes de la llegada del fascismo) que condujo inevitablemente a la Segunda Guerra Mundial.

Coordenadas de la cuestión nacional y su explotación por el fascismo

Esta cuestión es decisiva, aunque el marxismo la subestimó por largo tiempo. En Italia y Alemania la unidad nacional característica de los estados capitalistas modernos estaba aún lejos de ser completada. En un sentido, esta fue la tarea del nazismo y el fascismo. Éstos no sólo jugaron la carta del nacionalismo expansivo y agresivo, sino también la carta más ambigua y compleja de la unidad nacional (Mussolini se convertía en el sucesor de Garibaldi, y Hitler en el de Bismarck). Esto determinó considerablemente su impacto popular.

            Por otra parte, hay que indicar las consecuencias del lugar de Italia y Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Los regímenes nazi y fascista se sirvieron de una versión corrompida del sentimiento popular de nacionalismo y anti-imperialismo.

La ideología fascista y su materialización institucional en los aparatos de estado fascistas

Como advertía Togliatti, hay que aclarar el funcionamiento de clase de esta ideología, y abandonar de forma definitiva la concepción de un discurso o lenguaje fascista, unificado y uniforme, dirigido indistintamente a las masas. Muy al contrario, el discurso fascista se presenta de múltiples maneras, diferenciadas de modo que se inserta en diversos aparatos político-ideológicos fascistas, de acuerdo con las diferentes clases, fracciones de clase y categorías sociales a las que se dirigen, lo que le permite precisamente explotar las diversas condiciones materiales de existencia de esas clases y fracciones.

            No era el mismo el discurso el dirigido a los trabajadores desde los sindicatos fascistas, que el dirigido a las clases campesinas o a la pequeña burguesía desde el partido fascista. Es precisamente en este punto en el que el fascismo fue capaz de recapturar en su discurso ideológico, corrompiéndolas, una serie de aspiraciones populares profundamente asentadas. Es el caso del principio de autogestión y del control obrero de la producción, que constituían formas de socialización contrarias a la propiedad privada de los medios de producción, al poder de los monopolios y del capital imperialista, etc…

            Para entender el funcionamiento de clase real de estas ideologías fascistas diferenciadas, hay que dar la máxima antención a las estructuras institucionales en que esa ideología se materializa, y no detenerse en el simple análisis del discurso fascista supuestamente circulando entre el transmisor-líder y el receptor-pueblo. Además, nos permitirá precisar la intensa lucha de clases que atraviesa permanentemente los aparatos fascistas, y aclarar el sentido del impacto popular del fascismo.

            Aquí también, en lugar de uniformización unívoca de los diferentes aparatos del Estado fascista, veremos de hecho, paralelo a su centralización, una efectiva dislocación y descentramiento de esos aparatos (familia, escuela, aparatos culturales, Iglesia, partidos, sindicatos fascistas, ejército, SA, SS, policía política…), de acuerdo con las clases, fracciones de clase y categorías sociales a las que se dirigen.

            Este carácter complejo de los aparatos fascistas nos permite comprender las luchas de clases que permanentemente los atraviesan, cosa que falta en la concepción de un discurso unívoco dirigido a las masas. Por esta razón el apoyo de masas al fascismo siempre está a un paso de la resistencia contra él (y Dimitrov lo comprendió perfectamente cuando recomendó participar en los sindicatos fascistas para liderar la lucha contra el fascismo).

La política de la Internacional Comunista y de los partidos comunistas italiano y alemán desde la aparición del fascismo hasta el VII Congreso (1935)

El miedo al comunismo, aunque era real en algunas fracciones de la población, no eran la única manera en que los comunistas contribuyeron por errores propios al ascenso del fascismo. Lo más importante es que algunas clases populares que se pasaron al fascismo lo hicieron por el fallo de los comunistas italianos y alemanes a la hora de cumplir sus objetivos revolucionarios. Y atendiendo a estas diferencias y para iniciar un proceso de transición al socialismo, esas fracciones consideraron que el fascismo podía hacer posible esos objetivos.

            El error de los comunistas no fue despistar a las masas de sus objetivos revolucionarios y haber provocado en ellas reflejos reaccionarios, sino esencialmente, haberlas dejado desorientadas y desarmadas frente a la recuperación corrompida de su ideología por el fascismo, que se apropió de aspiraciones populares legítimas. Cometieron pues el error de permitirles, sin saberlo, apoyar una política engañosamente revolucionaria pero puesta realmente al servicio del gran capital monopolista.


[1] Nicos Poulantzas, «On the popular impact of Fascism», en The Poulantzas reader, pp. 258-69.

[2] Ibid., p. 258.

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