Dialéctica 101: Aristóteles

INTRODUCCIÓN: SOBRE LA “LÓGICA” ARISTOTÉLICA

Aristóteles no conoce la palabra “lógica”. Según Ross, el término “lógica” no aparecería hasta la época de Cicerón, y en esta época aún tendría el sentido de “dialéctica”. El término que emplea Aristóteles para referirse a esta rama del saber es, en cambio, el de Analítica. Los tratados de lógica de Aristóteles fueron agrupados por sus editores antiguos en lo que se conoce como el Órganon (“órgano”). El término utilizado es eficaz y refleja con cierta precisión el contenido de los textos: la lógica no es otra cosa que el “órgano”, el instrumento del que se sirve la razón para construir argumentos verdaderos. ¿Cuál es su ubicación dentro del sistema de las ciencias? Pues bien, esta ubicación es problemática.

Dice Ross que Aristóteles entiende tres tipos de ciencias: teóricas (que se ocupan del conocimiento), prácticas (que se ocupan de la acción, como por ejemplo la ética o la política) y productivas (que se ocupan de la fabricación de útiles). Dentro de las ciencias teóricas, encontraríamos las matemáticas, la física y la filosofía primera (término que suele entenderse como sinónimo de metafísica e incluso de teología, aunque hay importantes matices que distinguen cada uno de ellos). ¿Cuál es aquí el lugar de la lógica? Aunque, en los Tópicos, Aristóteles la ubica dentro de una clasificación aún platónica del saber, junto a la física y la moral, en obras posteriores ese lugar parece menos claro. Dice Ross que la lógica no es en Aristóteles una ciencia sustantiva, sino una especie de herramienta para el saber. Por eso no es una ciencia autónoma, ni siquiera como preparación para las ciencias, sino un instrumento al servicio de las mismas.

Ciencias en Arist

Algunos de los tratados de lógica de Aristóteles son:

  • Analíticos primeros. Aquí Aristóteles argumenta que el silogismo es la estructura común a todo tipo de razonamiento (burdamente, un ejemplo de silogismo sería: si X es Y, y Z es X, entonces Z es Y). Aquí, Aristóteles hace lógica “formal”, porque le interesa la verdad formal independientemente del contenido del silogismo.
  • Analíticos segundos. Aquí Aristóteles se ocupa no sólo de la verdad formal, sino también de la verdad material y de las características del razonamiento deductivo, propio de las ciencias.
  • Tópicos y Refutaciones sofísticas. En estas obras (siendo la segunda, realmente, continuación de la primera) Aristóteles estudia los tipos de razonamientos que parecen formalmente correctos, pero que no satisfacen las exigencias del saber científico.

Aunque para nosotros se encuentra obsoleta, más allá de reflexiones e intuiciones que sólo interesan a los especialistas, la lógica aristotélica no fue superada hasta la aparición de las lógicas formales (siendo su precursor Gotlob Frege, a finales del siglo XIX).

LA DIALÉCTICA EN ARISTÓTELES

A partir de Aristóteles, el término de dialéctica tendrá un sentido diferente al que tenía en Platón (aunque el método de la división que Platón empleaba será todavía habitual en la Edad Media: véase el árbol de Porfirio, en la ilustración inferior).

porfirio.jpg

Árbol de Porfirio

Para Aristóteles, la dialéctica es aquella parte de la lógica que permite razonar acerca de cualquier problema que se nos proponga, por medio de argumentos plausibles, es decir, probables aunque no probados.

El razonamiento dialéctico se diferencia por tanto del razonamiento demostrativo de la ciencia en que éste último se funda en proposiciones verdaderas y primordiales, o bien derivadas de proposiciones verdaderas y primordiales. El razonamiento dialéctico emplea argumentos que no se prueban por sí mismos, sino que meramente cuentan con el asentimiento de todos, de la mayoría o de los sabios. Es esta característica de la dialéctica la que hizo que fuera confundida en épocas posteriores con la mera sofística, ganándose incluso el rechazo de Kant en este sentido.

Aristóteles 101

Y bien, ¿qué utilidad tiene por tanto la dialéctica según Aristóteles? Enumera tres finalidades: para ejercitarse, para conversar y “para los conocimientos en filosofía”. Nos detenemos en este último punto. Aquí Aristóteles apunta a la dialéctica como herramienta para abrir supuestos en la argumentación y razonar de modo hipotético-deductivo. Dado que la dialéctica razona por medio de lo plausible y permite “desarrollar una dificultad en ambos sentidos, discerniremos más fácilmente lo verdadero y lo falso en cada cosa”. Pero es útil también a las ciencias, en otro sentido.

Según Aristóteles, la ciencia procede de manera deductiva y en sentido descendente, partiendo de los primeros principios. Esto fuerza necesariamente a establecer un paso previo a la deducción, destinado a dilucidar dichos principios primeros.

Puesto que los primeros principios en los que se basan las ciencias son indemostrables por ellas mismas, es casi imposible decir nada acerca de ellos, y por ese motivo afirma Aristóteles en los Tópicos que sólo se les puede aproximar por medio de la dialéctica: “puesto que los principios son primeros respecto a todas las cosas, y por ello es necesario discurrir en torno a ellos a través de las cosas plausibles concernientes a cada uno de ellos”.

En Aristóteles, de hecho, la ciencia de los primeros principios no tiene un encaje claro ni sistemático, sino que constituye más bien una problemática que, como ha indicado Aubenque, más que proceder de manera silogística toma un orden expositivo semejante al de la dialéctica. Así sucede en el capítulo cuarto del libro IV de la Metafísica, donde Aristóteles razona de manera dialéctica el principio de no-contradicción (tras presentarlo en el capítulo anterior, Aristóteles procede dialécticamente cuando refuta la tesis opuesta, la de quienes nieguen dicho principio).

La dialéctica juega un papel por tanto como desbrozadora de sendas, permitiendo valorar los principios de todas las ciencias y de todos los métodos. No se encuentra al principio de todo, pero su papel es indispensable a la hora de poner en cuestión los principios. Nos recuerda que según Bachelard y Althusser las ciencias se desarrollan a partir de una ruptura epistemológica con las ideologías; el razonamiento dialéctico no sería sino el método que permite un acercamiento a los principios que separan la ciencia de la ideología, o al espacio borroso donde el razonamiento dialéctico y el razonamiento demostrativo se cruzan.

Aristóteles trata también el tema de la dialéctica en las Refutaciones sofísticas. Aquí, la dialéctica es uno de los tipos de argumentos en la discusión, junto a los didácticos, los críticos y los erísticos. Los razonamientos dialécticos, escribe Aristóteles, “prueban la contradicción a partir de cosas plausibles”, aunque en lo fundamental remite al tratamiento que de los mismos ha llevado a cabo en los Tópicos. De este modo, frente al papel constructivo de la dialéctica a la hora de contribuir a dilucidar los primeros principios de las ciencias, encontramos una función destructiva de la dialéctica, de la cual la crítica es una parte. Aunque afirma Aristóteles en el mismo lugar que la dialéctica se ocupa de los razonamientos falsos o contradictorios por causa de la ignorancia del interlocutor, algo que no toma en consideración la refutación sofística.

En definitiva, la dialéctica como crítica se viene a ocupar nuevamente de los principios, de lo general que no se encuentra deducido de un principio. Cada ciencia particular se ocupa pues de refutar los razonamientos falsos a la luz del conocimiento verdadero; el espacio de la dialéctica es “la <refutación> derivada de <principios> comunes y no subordinados a ninguna técnica”. La refutación, que es “el razonamiento de la contradicción” o el sacar a la luz las contradicciones de un argumento, está pues servida en la medida en que “tenemos los <principios> de los que parten los razonamientos plausibles sobre una cuestión cualquiera”.

La dialéctica es para Aristóteles, en resumidas cuentas, la rama de la lógica que parte de lo plausible, para concluir de manera tentativa o refutar de manera definitiva argumentos que inicialmente nos parecían menos plausibles. La dialéctica no constituye pues un saber, sino que es un órganon del saber, de la ciencia deductiva. Es útil para debatir, para ejercitarse en la conversación y en fin para dilucidar los primeros principios indemostrables de las ciencias (de tal manera que es el instrumento idóneo de la filosofía primera). No se caracteriza tanto por el medio dialógico, en la medida en que tiene un componente heurístico que puede emplearse en el marco de una investigación filosófica (aunque Aristóteles había separado la retórica de la dialéctica al establecer que aquélla se ocupa de los discursos no dialógicos). Pero cuando se aplica para conversar o para refutar los razonamientos contradictorios acerca de los primeros principios, adopta la forma del diálogo.

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