Valentin Voloshinov: la ideología y la filosofía marxista del lenguaje (2)

PribojEl segundo capítulo de la obra El marxismo y la filosofía del lenguaje está dedicado al problema de la relación entre base y superestructura, que Voloshinov considera estrechamente ligado a cuestiones de filosofía del lenguaje. Voloshinov cuestiona el planteamiento tradicional que piensa en una relación causal de determinación, por mecánico y no dialéctico. Critica que este planteamiento mecanicista plantea una mera conjunción externa de dos hechos accidentales. En el ejemplo del “hombre superfluo”, una figura de la literatura rusa del siglo XIX, la interpretación mecanicista piensa este arquetipo literario como un reflejo sin más de un hecho económico, como la degeneración de la clase dominante.

Como dijimos en el primer post, las propiedades de la palabra hacen de ella un objeto fundamental de la teoría de la ideología. La palabra es “el índice más sensible de los cambios sociales” (p. 31), y “tiene la capacidad de registrar todas las delicadas fases transitorias y momentáneas del cambio social” (p. 31). Desde la perspectiva de la filosofía del lenguaje, puede arrojarse más luz sobre el problema de la relación entre base y superestructura, que se reduce al problema del modo de la determinación real del signo por la base, y al problema del modo como el signo refleja a su vez la realidad.

Voloshinov articula su propuesta teórica partiendo del fenómeno del cambio ideológico, para exponer su tesis de que “cada dominio de ideología es un todo unificado que reacciona con su constitución íntegra a un cambio en las bases” (p. 30). Para Voloshinov, hay que diferenciar los distintos dominios de lo ideológico, para descubrir los estadios por los que pasa el cambio. Así, vemos cómo, volviendo sobre el ejemplo de arriba,

El “hombre superfluo” no apareció en la novela de modo independiente y desconectado de otros elementos de la obra, sino que, por el contrario, toda la novela, como una simple unidad orgánica sujeta a sus propias leyes específicas, sufrió una reestructuración, y por consiguiente, también fueron reestructurados todos sus otros elementos: su composición, su estilo, etc. Y lo que es más, esta reestructuración orgánica de la novela se produjo en estrecha conexión con los cambios producidos también en el campo global de la literatura. (p. 31)

1. La “psicología social” como interacción verbal

Voloshinov critica a la psicología social como análisis de la determinación de la ideología (en sentido restringido: las ideologías particulares, religiosa, artística, jurídica…) por el orden sociopolítico. Este enfoque es el culpable de que aparezcan concepciones míticas o metafísicas como la de “alma colectiva” o “espíritu del pueblo” (Volksgeist). En realidad, esta psicología no existe en el interior de ese alma o espíritu, sino en la materialidad de las relaciones sociales:

La psicología social no está ubicada en el interior de parte alguna (en las “almas” de los sujetos que se comunican) sino total y absolutamente fuera: en la palabra, el gesto, el acto. En ella no hay nada no expresado, nada “interior”; está totalmente en el exterior, totalmente revelada en los intercambios, totalmente comprendida en lo material, sobre todo en la materia de la palabra. (p. 32)

Estas relaciones sociales, como también dijimos ya anteriormente, tienen lugar en el lenguaje como medio material, como forma o medio de la comunicación verbal. La comunicación se da condicionada por las relaciones de producción y por el orden socioeconómico en general (la “base” económica), que delimita y determina “el alcance de los contactos verbales entre la gente” (p. 32). Y a su vez, de estas condiciones y de la estructura formal de la comunicación verbal dependen los temas y forma de los actos de habla particulares. La base condiciona el marco de la comunicación, su alcance y sus límites, a la vez que este marco de comunicación determina el habla de los sujetos particulares, en su vida real y concreta.

Esta concepción supone que se debe ir más allá de los enfoques tradicionales de la psicología social, centrada en un solo aspecto (el contenido, el tema) para analizar las formas y los tipos de comunicación verbal en que estos temas se discuten, se expresan, se preguntan, se consideran, etc. Los enfoques psicologistas, lastrados por conceptos como “conciencia”, “psique” o “vida interior”, obstaculizan el estudio de las formas materiales de expresión de la psicología social. Se hace necesario, pues, un enfoque formalista: un estudio de “las formas mismas de la comunicación semiótica en la conducta humana” (p. 33). Como dice el propio Voloshinov, la “psicología social” es, en su existencia material, interacción verbal.

2. La formas y contenidos del signo

Para Voloshinov, hacer una tipología de las formas de la comunicación semiótica es una tarea fundamental del marxismo. Estas formas son variables para cada época y cada grupo social, y todo conjunto de formas afines (“cada género lingüístico conductual” p. 33) tiene un conjunto correspondiente de temas o contenidos. Existe una correspondencia, una auténtica “unidad orgánica”, entre la forma comunicativa (por ejemplo, la comunicación técnica en el trabajo), la forma del enunciado, y el tema. Por tanto, “la clasificación de las formas de los enunciados debe basarse en la clasificación de las formas de la comunicación verbal” (p. 33), que a su vez, como dijimos, están determinadas por las relaciones de producción y el orden sociopolítico.

relaciones de producción y orden sociopolítico >

formas de la comunicación verbal >

formas de los enunciados

Esta determinación de las formas comunicativas por las relaciones de producción y por el orden sociopolítico, resulta palpable cuando vemos la importancia del “factor jerárquico” en el proceso de la comunicación verbal. Como dice Voloshinov, “La corrección en el lenguaje, el tacto en el hablar, y otras formas de ajustar un enunciado a la organización jerárquica de la sociedad tienen gran importancia en el proceso de establecer los géneros básicos de conducta” (p. 34). Los signos son el medio de la comunicación entre personas que viven en un medio social, de modo que las formas semióticas se hallan condicionadas por la organización social.

¿Y qué hay del contenido del signo y de su “carga evaluativa”, qué hay del “tema” del signo? Para cada etapa en el desarrollo de una sociedad, se halla dado un círculo propio y restringido de elementos, únicos accesibles para la atención de dicha sociedad, y dotados por ella de una carga valorativa. ¿Cómo queda determinado y conformado este círculo de objetos que se conformarán como signos, y se dotarán de acento valorativo?

Para que un elemento (tema) pueda “entrar en el ámbito social del grupo y producir una reacción semiótica ideológica” (p. 35), debe hallarse en relación con las bases de la vida material de dicho grupo, debe conectarse con los elementos socioeconómicos de su existencia. Aquí no interviene el parecer individual, ya que el signo es una creación social e interindividual: “sólo lo que adquirió valor social puede ingresar al mundo de la ideología, tomar forma y establecerse allí” (p. 35).

3. El signo, arena de la lucha de clases

Ahora bien, la realidad o tema del signo no sólo está reflejada, sino refractada: transformada, reflejada según un sesgo determinado. Esta refracción está determinada “por la intersección de intereses sociales” (p. 36) antagónicos dentro de una misma comunidad de hablantes. Esto es lo que los marxistas llaman lucha de clases. El signo es un espacio de combate entre intereses sociales antagónicos, el signo es “la arena de la lucha de clases”:

La clase no coincide con la comunidad de signos, es decir, con la comunidad, constituida por la totalidad de usuarios del mismo conjunto de signos para la comunicación ideológica. Varias clases diferentes usan la misma lengua. Como resultado, en cada signo ideológico se intersectan acentos con distinta orientación. El signo se convierte en la arena de la lucha de clases. (p. 36)

Esta pluralidad de acentos (multiacentualidad) es una característica central del signo ideológico, y es la condición para la creatividad o proceso generativo continuo de la lengua, característica central de ésta como había establecido Wilhelm von Humboldt (y que compartirá después Noam Chomsky). Sin estas presiones del conflicto social, un signo se debilitaría, perdería su relevancia social y quedaría como mero objeto de estudio de los filólogos. “Los recuerdos históricos de la humanidad están llenos de signos ideológicos desgastados incapaces de servir de liza para el choque de acentos sociales vivos” (p. 37). Este mismo hecho, que da vivacidad al signo, es la causa de su carácter deformador y encubridor: “La clase dirigente se esfuerza por impartir al signo ideológico un carácter eterno, supraclasista, por extinguir u ocultar la lucha entre los juicios sociales de valor que aparecen en aquél” (p. 37). El signo está atravesado por esta cualidad dialéctica interna, más visible en los periodos de cambio social o de transformaciones revolucionarias. En el periodo de estabilidad social este aspecto queda disimulado, y el signo se convierte en un monolito ideológico reaccionario que acentúa la verdad establecida y la ideología dominante.

BIBLIOGRAFÍA:

Valentin Voloshinov, El signo ideológico y la filosofía del lenguaje, Buenos Aires: Nueva Visión, 1976.

VER TAMBIÉN:

Primera parte

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