Filosofía y educación

El próximo 19 de noviembre es el Día Mundial de la Filosofía, esa materia que la LOMCE se está encargando de sacar de las aulas.

sin_filosofia_escuela_vaciaTheodor Adorno declaró en un famoso documento: “la exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educación”. Los filósofos siempre exageramos demasiado, se nos dirá, pues aparentemente nuestras condiciones de vida distarían mucho de aquellas condiciones que hicieron posible el horror absoluto en la forma del procesamiento industrial de seres humanos con el único propósito del exterminio en masa. No obstante, si la educación tiene un sentido a la hora de formar ciudadanos con un criterio propio, incorporarlos al trabajo y a la cultura en condiciones de libertad e igualdad, entonces su principal exigencia debe ser esa: alejar a la humanidad del horror.

Hace tiempo que la Filosofía parece haber abdicado de su responsabilidad social, refugiada en los ritmos burocráticos que los centros educativos y las universidades imponen por imperativos de productividad, y sometida a permanentes evaluaciones y acreditaciones de índole economicista. Generalmente somos conscientes del daño que los recortes presupuestarios hacen a la calidad educativa, pero somos mucho menos contestatarios con un sistema educativo que premia el esfuerzo cuantificable, medible en forma de tiempo o extensión, pasando por alto su relevancia cualitativa. Y que no fomenta las condiciones materiales para hacer que el tiempo que pasamos en la escuela resulte cualitativamente enriquecedor. Es muy revelador del estado de derrota en que se encuentra el mundo de la cultura que un filósofo y pedagogo como José Antonio Marina, que se ha opuesto a la LOMCE, caiga en la trampa de nuevo afirmando que el salario del profesorado deba vincularse al rendimiento del alumnado (algo que no sólo va en la línea mercantilista de la LOMCE recuperando la idea de las evaluaciones, sino que extingue por completo la función de la escuela como niveladora de las desigualdades). Para medir el rendimiento del profesorado, y condicionar a ello su retribución, se han puesto sobre la mesa otras propuestas como grabar las clases, que harían las delicias de cualquier aficionado a la paranoia panóptica o a la ficción distópica.

Cuando Adorno escribía que la tarea de la educación era que Auschwitz no se repitiera, se refería más profundamente a unas condiciones de ausencia de empatía, de consideración del otro como un número o como una mercancía; condiciones que siguen rigiendo actualmente. La economía, la política, y las distintas instituciones de la sociedad civil se inclinan ante el machacón imperativo de la eficacia, de la aplicación técnica y de la rentabilidad económica. Y sin embargo, por todas partes vemos la necesidad creciente de reflexionar acerca de los valores, las normas de conducta, y en general acerca de nuestro papel como individuos dentro de una sociedad. El descrédito de la Filosofía, sea por su propia abdicación o sea por su marginación en el mercado laboral o dentro del sistema educativo, viene parejo a la proliferación de pseudo-tratamientos, de autoayudas y de toda clase de “remedios espirituales” carentes no ya de contrastación, sino de cualquier componente mínimamente autocrítico. ¿No demuestra esto que existe una demanda creciente de análisis, de crítica, de reflexión sobre las prioridades éticas de nuestro estar en el mundo? Esa creciente demanda no se halla correctamente cuantificada, porque no podemos contestarla con las respuestas predeterminadas que nos ofrece el gris mercantilismo. La respuesta a esa necesidad no está en publicar nuevos libros de autoayuda, ni siquiera está en reformas sociales medibles y cuantificables (que siendo cruciales, no tocan las contradicciones fundamentales). La Filosofía es importante porque no piensa los problemas sociales en términos de preguntas y respuestas: más bien los contempla como síntomas derivados de otro asunto que subyace sin resolver.

Categorías:Filosofía, Política

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3 replies »

  1. ¿y no es esa pareja de exclusión de la filosofía y pujante mercado espiritualista signo de algo mas grave, la renuncia a la emancipación que nace de la autonomía del pensar (factible de vértigo y angustia) para “volver” al refugio perdido de alguna especie de religiosidad?. ¿De ahí la tendencia semi-subterránea hacia un fascismo difuso que burbujea en la oscura y vergonzante conciencia (o inconsciencia) del individuo medio de estos tiempos?

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    • El desencantamiento del mundo propio de estos tiempos “desideologizados” sólo puede desembocar en una forma “líquida” de espiritualidad oscurantista. Efectivamente, al final tenemos todo lo malo de la peor filosofía idealista pero sin el menor sentido crítico y sin criterios de validez que permitan evaluar un teoría o una creencia. En la noche de las opiniones subjetivas, que cada cual se las arregle con su espíritu individual

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