Los ciclos largos del capitalismo según Nikolái Kondrátieff

El presente post recoge un par de epígrafes rescatados de un trabajo de doctorado de hace varios años. Aunque es francamente mejorable, no tengo tiempo ahora para repasar el tema y reescribir todo el texto. Lo recupero porque la teoría de Kondrátieff es relativamente recurrente (está presente en todos los planteamientos sobre ciclos largos desde Ernest Mandel a Giovanni Arrighi), y conviene tener alguna idea de ella.

La segunda parte de este post es un análisis de la teoría de Kondrátieff realizado por Carlota Pérez. Esta economista plantea la importancia de una explicación sistémica de las ondas largas del capitalismo, en sus fases ascendente y descendente. La fase descendente del ciclo de Kondrátieff estaría determinada por un desajuste entre las esferas económica, social e institucional. Esto significa que cada ciclo K se concluye con una transformación de las relaciones entre estos tres elementos. En lo que respecta a la transformación del marco institucional, este planteamiento podría conducirnos a pensar las llamadas Estructuras Sociales de Acumulación, a las cuales intentaremos dedicar subsiguientes posts. Creo sin embargo que poniendo el acento sobre el desequilibrio de estos tres elementos (en lugar de en el descenso de la tasa de acumulación de capital bajo una ESA determinada) introduce más elementos para la teoría, y abre la puerta a pensar la transformación institucional de una ESA en el marco más amplio, determinado por el declive de las tasas de beneficio y de acumulación capitalistas, del desajuste y de la crisis de transformación a un nivel sistémico, en el que se encuentran implicadas las propias relaciones de fuerza sociales.

Pero no estoy completamente seguro de todo esto. De momento, vamos con Kondrátieff. Quien quiera profundizar más allá de estas notas de lectura, el artículo de Kondrátieff que comento está traducido y disponible en internet (enlace abajo).

1. Ciclos sistémicos

En un trabajo de 1935 titulado «Los grandes ciclos de la vida económica»,[1]  el economista ruso Nikolái Kondrátieff propone la existencia de ciclos económicos más extensos de los que se suelen considerar por los economistas, de modo que se puede hablar de una serie de ciclos u ondas cuyo término último son los grandes ciclos que nos ocupan o ciclos de Kondratieff.

TIPOLOGÍA DE LOS CICLOS DE LA VIDA ECONÓMICA:

  • 3-5 años – Ciclos de Kitchin
  • 8-11 años – Ciclos de Juglar
  • 18-22 años – ondas de Kuznets
  • 40-60 años – ondas de Kondratieff

Kondratieff analiza y compara distintas series en la economía capitalista internacional (el nivel de precios de mercancías –ver tabla abajo–, la tasa de interés, salarios y comercio exterior, etcétera) para concluir  la existencia desde fines del siglo XVIII de grandes ciclos económicos, caracterizados por una fase ascendente y una posterior fase descendente, ciclos de los cuales cabe distinguir hasta tres entre finales del siglo XVIII y el primer cuarto del siglo XX:

CICLOS DE KONDRÁTIEFF:[2]

Primer gran ciclo 1. El ascenso duró desde fines de la década de los ochenta o principios de la del noventa del siglo XVIII hasta 1810-17.
2. El descenso duró desde 1810-17 a 1844-51.
Segundo gran ciclo 1. El ascenso duró desde 1844-51 hasta 1870-75.
2. El descenso duró desde 1870 hasta 1890-96.
Tercer gran ciclo 1. El ascenso duró desde 1890-96 hasta 1914-20.
2. El descenso empieza probablemente en los años de 1914 a 1921.

CICLOS LARGOS EN EL ÍNDICE DE PRECIOS DE MERCANCÍAS:[3]

Las grandes oscilaciones, según defiende Kondrátieff, son tan regulares y periódicas como las oscilaciones intermedias de Juglar, comprenden igualmente la simulteaneidad y semejanza de distintas series y por último son también un fenómeno internacional.[4] En definitiva, los ciclos de Kondrátieff serían tan regulares como los ciclos intermedios.

Ahora bien, a continuación se defiende Kondrátieff de la crítica de que mientras las oscilaciones intermedias se deben a factores internos al sistema capitalista, los grandes ciclos se deben a factores accidentales y circunstanciales como serían

  1. los cambios en la técnica
  2. las guerras y las revoluciones
  3. la asimilación de los países nuevos dentro de la economía mundial
  4. las fluctuaciones en la producción de oro[5]

Kondratieff pasa a demostrar estos factores en una relación profunda (y no accidental) con estos grandes ciclos económicos. Nos centraremos en los tres primeros:

(1)       Las transformaciones técnicas no pueden considerarse accidentales, pues presuponen:[6]

  • su aparición en relación con necesidades de la vida real y con descubrimientos precedentes
  • y su viabilidad económica (así sucede, como señala Kondrátieff, con los grandes descubrimientos técnicos de los siglos XVII y XVIII que únicamente fueron empleados a gran escala con la revolución industrial).[7]

(2)       Las guerras y las revoluciones naturalmente influyen en el desarrollo económico, pero tampoco son en modo alguno arbitrarias. ¿Por qué, entonces, se siguen con tanta regularidad (si fuesen determinantes y arbitrarias, carecerían de ella) y coinciden con periodos de movimiento ascendente del ciclo económico? Más factible que considerarlas determinantes, es considerarlas a ellas mismas condicionadas:

Es mucho más probable la hipótesis de que las guerras se originan en la aceleración del ritmo de la vida económica y en su creciente tensión, en el agudizamiento de la lucha económica por los mercados y las materias primas, y la de que las conmociones sociales se realizan más fácilmente bajo la presión de nuevas fuerzas económicas.[8]

(3)       En cuanto a la incorporación de nuevos países a la economía mundial, parece claro que esto no es resultado automático del descubrimiento de nuevos territorios, sino que esta incorporación tiene lugar posteriormente:

está bien claro que en el sistema económico capitalista se abran nuevas regiones al comercio durante aquellos períodos en que se vuelva más urgente el deseo de los viejos países de obtener nuevos mercados y fuentes de materias primas.[9]

2. Ciclos sistémicos

Las ondas de Kondrátieff pueden entenderse como algo más que un fenómeno de la vida económica. Según afirma al respecto Carlota Pérez en su artículo de 1983 titulado «Cambio estructural y asimilación de nuevas tecnologías en el sistema económico y social», los ciclos largos

…no son un fenómeno estrictamente económico, sino más bien una manifestación –medible en términos económicos– del comportamiento, a veces armónico y a veces no, de todo el conjunto del sistema socio-económico e institucional a nivel nacional e internacional.[10]

Y en ese sentido, los periodos de crisis son definidos como algo más que una crisis económica: se trataría entonces de una crisis sistémica debida a una desarticulación entre las esferas económica y socio-institucional.[11]  La crisis se supera a partir de una rearticulación de ambas esferas, es decir, a partir de un nuevo modo de desarrollo que se entiende como un «patrón general de crecimiento basado en la aceptación de un conjunto de mecanismos sociales e institucionales».[12] Patrón de crecimiento que es impulsado por unos determinados patrones tecnológicos, es decir, por un determinado nivel de desarrollo de lo que en términos marxistas llamaríamos llanamente las fuerzas productivas. Lo que en su artículo sostiene C. Pérez, es que la sucesión de ondas largas refleja una sucesión de modos de desarrollo, dependientes de una sucesión de patrones tecnológicos.

Un ciclo de Kondrátieff se define por tanto en relación al patrón de desarrollo de un modo de desarrollo determinado (modo de desarrollo definido como una articulación determinada de los patrones tecnológicos y de su marco socio-institucional).

El patrón de desarrollo puede ser ascendente o descendente. Cuando es descendente, nos encontramos en una fase B de Kondrátieff en la que el modo de desarrollo del sistema resulta ineficiente, debido al «colapso de la complementariedad entre la dinámica del subsistema económico y la del marco socio-institucional».[13]

Esta fase descendente del ciclo de Kondrátieff se caracteriza, como hemos visto y como nos recuerda C. Pérez,[14] por un aumento de descubrimientos tecnológicos que no se aplicarán hasta el comienzo de un nuevo ciclo y por lo tanto de una nueva fase ascendente.

La diferencia entre la explicación de Kondrátieff y la versión que da Schumpeter sobre las ondas largas,[15] se encuentra en que mientras para el primero los cambios tecnológicos se explican dentro del modelo de un ciclo sistémico (determinado por la naturaleza de la economía capitalista en general, si bien no entra a precisar el modo concreto en que esto sucede), para Schumpeter en cambio son estas innovaciones tecnológicas las que dan razón de la sucesión de estos ciclos. Argumento inviable el de Schumpeter, por cuanto que es preciso tener en cuenta más bien los factores que hacen posible tamaña revolución tecnológica: es decir, que el propio hecho de poder aplicar aquellas innovaciones a la esfera productiva, es ya indicativo de que ha comenzado una fase ascendente en la economía capitalista. Lo que vemos con Schumpeter es sencillamente que una explicación economicista, que reduzca la explicación causal a los términos de un desarrollo mecánico de las fuerzas productivas, se demuestra ineficiente.[16]

Por tanto, es preciso encontrar una explicación global, sistémica,[17] para la existencia de ondas largas en el desarrollo de las formaciones sociales capitalistas. Un primer esbozo de esta explicación sistémica sería el que refiere el ascenso y descenso de las ondas de Kondrátieff a la complementariedad existente (o inexistente) entre las esferas económica, social e institucional:

El ascenso de una onda de Kondratieff es alimentada y sostenida [sic.] por la evolución cada vez más armónica de dicha complementariedad hasta el punto donde el patrón tecnológico subyacente se acerca a los límites de su potencial para elevar la productividad y las ganancias. Los esfuerzos de ensayo y error destinados a superar esa barrera, tienen como resultado el surgimiento de un nuevo patrón tecnológico en la esfera productiva frente al cual la estructura socio-institucional existente es inadecuada. La nueva dinámica introducida en el sistema tiene un efecto de creciente perturbación en la evolución esperada de la mayoría de los mercados, transformando gradualmente el tejido social y haciendo cada vez más contraproducentes los mecanismos institucionales, los cuales tienen un alto grado de inercia, fortalecida por los éxitos anteriores. Este proceso de inadecuación creciente y ruptura de la complementariedad se hace visible como el descenso de la onda largay eventualmente conduce a la crisis de todo el sistema. La crisis estructural resultante es, por tanto un proceso de «destrucción creadora» y «liquidación anormal» pero no sólo en la esfera económica sino también en la socio-institucional. De hecho, la crisis obliga a la re-estructuración del marco socio-institucional mediante innovaciones complementarias a la recién alcanzada frontera de máxima productividad en base al nuevo patrón tecnológico. No obstante, la forma definitiva que tomará la nueva estructura dentro del amplio rango de alternativas abiertas, así como el tiempo que tome la transformación requerida para dar lugar a un nuevo ascenso, dependerá en última instancia de los intereses, las acciones, la lucidez y el poder relativode las fuerzas sociales en juego.[18]

La salida de la crisis precisa por tanto una transformación del marco socio-institucional; la consiguiente reestructuración de todo el sistema debería recuperar el equilibrio al final del ciclo, inaugurando una futura fase ascendente. Pero las condiciones en las cuales se restaure dicho equilibrio, las instituciones que deban garantizar las adecuadas relaciones de producción, no son necesarias y unívocas: hay distintas alternativas y por consiguiente el sesgo del nuevo «modo de desarrollo» resultante, dependerá y mucho de las decisiones políticas que impongan las fuerzas sociales en juego. La política, y la lucha política, tienen por tanto la última palabra.


[1] N. D. Kondrátieff, «Los grandes ciclos de la vida económica», en G. Haberler (comp.), Ensayos sobre el ciclo económico, F. C. E., México, 1944, pp. 35-56, disponible online en http://www.eumed.net/cursecon/textos/kondra/index.htm.

[2] Ibíd., p. 47.

[3] Ibíd., p. 38.

[4] Ibíd., pp. 49-50.

[5] Ibíd., p. 50

[6] Ibíd., pp. 50-51.

[7] En efecto, como dice Kondratieff, la fase descendente de uno de estos ciclos largos se caracteriza por un auge de descubrimientos tecnológicos que sin embargo no serán aplicados a la esfera productiva hasta que se inicie la fase ascendente de un nuevo ciclo.

[8] Ibíd., p. 51.

[9] Ibíd., p. 52.

[10] C. Pérez, «Cambio estructural y asimilación de nuevas tecnologías en el sistema económico y social», versión castellana de Enero de 1996, del original inglés publicado en FUTURES, Vol. 15, nº 5, Oct. 1983, pp. 357-375, disponible en http://www.carlotaperez.org/Articulos/cambioestructuralyasim.htm, p. 1.

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

[13] Ibíd.

[14] Ibíd., p. 2.

[15] J. A. Schumpeter, Ciclos económicos : análisis teórico, histórico y estadístico del proceso capitalista, Zaragoza : Prensas Universitarias de Zaragoza, 2002.

[16] Y junto con Schumpeter, queda también refutada la explicación economicista de ciertos marxismos: el de la II Internacional primero, y el del estalinismo más tarde.

[17] Es más, debe atenderse a dos conceptos fundamentales que el artículo de C. Pérez pasa por alto: el análisis de dos conceptos como son las relaciones de producción (garantizadas, reproducidas por eso que la autora llama «marco socioinsititucional», pero distintas de éste pues forman parte de la base económica y son tan importantes como los «patrones tecnológicos») y las contradicciones sociales, fundamentalmente de clase, que surgen de unas determinadas relaciones de producción y tienen por objeto político su reproducción/transformación.

[18] C. Pérez, O. Cit., pp. 3-4.

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