Cuatro ejes del nuevo escenario político

El resultado electoral de junio nos ha parecido a todas y a todos un resultado agridulce: jamás esperamos vernos en un resultado como este, y sin embargo nos ha parecido poco porque las expectativas estaban por las nubes. Pero pasada la primera impresión (que me complace ver que hemos sabido llevar muy bien) va siendo hora de alejarse del detalle y observar la pintura en su conjunto. Resumo la coyuntura actual en cuatro grandes ejes: la oposición al bipartidismo, la referencia de un bloque electoral alternativo, la potencialidad de un bloque social y la dialéctica entre recomposición y ruptura.

1. Continúa la crisis del bipartidismo

En diciembre de 2015, la suma del PP y el PSOE se redujo al 50,73%. En junio de 2016, esta suma ha rebotado al 55,65%. Debe analizarse, con rigor y prudencia, este incremento en el corto plazo de casi cinco puntos entre diciembre y junio, motivado por cuestiones de táctica y de coyuntura en los últimos meses, pero también por el voto del miedo y por la reacción del voto conservador al resultado de diciembre.

Pero en el plano estratégico y con la visión a largo plazo, resulta indiscutible la bajada del bloque bipartidista, inédita desde la Transición: no podemos olvidar que este bloque bipartidista viene de un 78,68% en 2008, y de un 73,35% en 2011.

Fuente: ABC

A largo, en primer lugar, debe analizarse cómo el incremento de diciembre a junio ha venido por el lado del PP, reforzado por la caída de Ciudadanos, mientras el PSOE sigue cayendo: por tanto, se debe atender al desigual comportamiento de ambos partidos en el presente ciclo de crisis política. En segundo lugar, debe tomarse diciembre como el dato de que se ha tocado un mínimo del bipartidismo cercano al 50%, escenario que en las condiciones concretas puede repetirse o incluso ahondarse: he aquí el objetivo estratégico que nos habíamos marcado, y que se vislumbra como factible en el medio plazo.

2. Se ha consolidado un bloque electoral alternativo

La estrategia electoral de Izquierda Unida, y su apuesta por la confluencia en lo electoral con Podemos, ha dado frutos tarde, pero ha sido probablemente determinante en la consolidación del espacio electoral de la alternativa al bloque bipartidista. Resultará complicado localizar las fugas de voto entre diciembre y junio, y salta a la vista que han existido también deserciones en el electorado que apoyó a IU en diciembre. Pero a juzgar por el clima político y por la gestión que tuvo Podemos de los resultados de diciembre, es razonable la hipótesis de que en ausencia de confluencia la pérdida de representación podría haber sido mucho mayor. En cualquier caso, hay una consolidación de diputados de este bloque alternativo, que pasa de los once diputados de La Izquierda Plural (IU-ICV-CHA) en 2011, a los actuales 71 diputados.

La pérdida de un millón de apoyos respecto de diciembre está en el centro de todas las preocupaciones, pero hay que poner en valor desde qué posición se va a acometer la recuperación de estos apoyos: desde un parlamento inédito, con 71 diputados que hacen labor de oposición, con un gobierno inestable, rota la mayoría absoluta del PP. Y sobre todo, hay que poner en valor que esta tarea tendrá lugar habiendo superado un escenario terrible como el que se pintaba en diciembre: el escenario “a la portuguesa” donde dos fuerzas disgregan sus energías disputándose el espacio a la izquierda del Partido Socialista. Es en aras de este interés que por parte de las formaciones que integran Unidos Podemos exista una voluntad de entendimiento, de consolidar la alianza y de huír de críticas destructivas.

Los 71 diputados de Unidos Podemos tienen ahora la oportunidad, en esta legislatura (que puede ser muy breve) de articular propuestas y de dibujar una alternativa creíble en base al trabajo parlamentario:1 es una oportunidad para formar cuadros, para trabajar en lo sectorial y en lo programático, para ganar credibilidad en base a lograr mejoras reales para la gente. Y esto es factible, pese a la complicada aritmética parlamentaria. Y allí donde no se sumen los apoyos, deberán retratarse otros grupos de la oposición.

3. Latencia de un bloque social

Es un hecho que el conflicto social en los años 2014 y 2015 ha experimentado un serio retroceso. Las causas de ese retroceso hay que buscarlas en diversos factores: la masiva emigración de buena parte de una generación (de la generación que hizo el 15M, y que está ahora trabajando en precario en Alemania, Reino Unido o Francia); la reforma laboral que ha fomentado una clase trabajadora subempleada, precaria, aislada y desmovilizada, a la que no llegan las viejas y anquilosadas direcciones sindicales; o el predominio del ciclo electoral sobre la movilización, ese predominio que hizo creer a Podemos en la estrategia de “asalto a los cielos” y que ha vacíado la movilización de cuadros sociales para llevar el trabajo político a las instituciones.

Ahora bien, hay que diferenciar entre retroceso y latencia del conflicto. Partamos de la hipótesis de que la gente no es tonta: de que hay una “sabiduría” política popular, que hace que de manera espontánea prevalezcan las formas de organización que presentan una mayor posibilidad de éxito. Las personas tenderían entonces a desarrollar su energía militante en aquel espacio que se presenta como un espacio ganador. Tras un ciclo de movilizaciones que comenzó en el 15M y que no se demostró una herramienta victoriosa (contra un gobierno de mayoría absoluta), era natural que se inclinaran por la opción electoral hacia una marca pujante. Mientras tanto, no obstante, el conflicto no ha desaparecido: han seguido ahí todas las movilizaciones, pero han perdido masa e intensidad. Que no haya desaparecido el conflicto, y que la opción por una vía (la calle o la institución) sea algo coyuntural que responde a las expectativas de triunfo, es lo que me lleva a precisar el concepto de movilización latente, para evitar la impresión falsa de que esa movilización haya sido completamente desarmada.

El 1 de marzo de 1871, un ejército prusiano triunfante desfilaba por un París desierto, marchándose ese mismo día. París no había sido derrotado, sólo aguardaba. Prevenidos por la Guardia Nacional, que solicitó encerrarse en casa y evitar todo altercado, y que escondió cañones y demás armamento fuera del alcance de los prusianos, los ciudadanos aguardaban. El resto es bien conocido: esos ciudadanos protestaron contra las leyes antisociales de Thiers, se alzaron para poner en fuga al ejército y al gobierno, y proclamaron la Comuna. Cuando los prusianos se marcharon de París, por tanto, no abandonaron una ciudad derrotada. París conservaba su gente, sus energías revolucionarias y el armamento necesario para defenderse (e incluso para haber contraatacado frente al gobierno de Versalles que más tarde masacraría a sus propios conciudadanos).

En conclusión, la movilización sigue ahí, y está esperando el momento oportuno. Espera a que se forme un gobierno, porque la gente se tiende a movilizar cuando tiene a alguien a quien dirigir sus demandas (y el gobierno actual, aunque sea lo que es, está en funciones). Espera a que se dibujen claramente los bloques en el nuevo parlamento. Y espera a conocer la agenda de los partidos en el gobierno y en la oposición. Cuando esto quede meridianamente claro, entonces la gente decidirá si apoya o no las movilizaciones. Mientras tanto, se debe ir trabajando en articular estructuras que hagan un poco más permanentes y menos volubles las movilizaciones en este país; esa ciudadanía activa, organizada y vigilante, que es tan frágil en nuestro país, debe ser el germen de un poder popular desde abajo sin el cual resultará imposible en el largo plazo sostener un cambio político real.

4. Recomposición o ruptura

Como planteábamos arriba, el ciclo electoral (como el ciclo de movilización) debe entenderse en un marco más amplio. Ese ciclo se escribe con palabras mayores, por eso era tan importante para algunos intereses que la alternativa electoral de Unidos Podemos no llegara al gobierno este verano. Pero al fin y al cabo, es un ciclo que sigue abierto más allá de la concreta contienda electoral. El ciclo histórico se expresa a través de una crisis de gobernabilidad creciente, un espacio nuevo para hacer y determinar políticas, una crisis del marco europeo, y una incertidumbre económica global.

  1. La repetición de elecciones ha sido el síntoma de una crisis de gobernabilidad, que no tiene visos de cerrarse fácilmente. La negativa del PSOE a apoyar una investidura del PP en diciembre nos tomó por sorpresa, como nos toma por sorpresa que en el Comité Federal del PSOE se imponga la postura del voto negativo, pese a las voces de viejas glorias partidarias de la Gran Coalición. Esta crisis de gobernabilidad, que dificulta la formación de gobierno (y que hace reaparecer el fantasma de las terceras elecciones, negado con la boca pequeña por Rajoy), se debe a que el bipartidismo en este país aún se sostiene en el imaginario popular por la posibilidad de elección entre alternativas (cada vez menos) diferenciadas. Una Gran Coalición tendría consecuencias peores que la parálisis actual o que incluso las terceras elecciones, porque pondría en riesgo todo el sistema bipartidista.

  2. La crisis de gobernabilidad abre el escenario de una política multipolar, donde las alianzas son variables y obligan a cada agente a evaluar los costes y beneficios (¡que se lo digan a Ciudadanos!). En esta política multipolar, Unidos Podemos no sólo cuenta con la aritmética parlamentaria, donde cabe articular propuestas alternativas gracias a que no hay una mayoría absoluta enfrente; cuenta también con el factor movilización, que puede reactivarse en cualquier momento y que cuenta ahora con un altavoz parlamentario y con una legitimación en el peso de un bloque alternativo de 71 diputados.

  3. La crisis del marco europeo se ha revelado en primer término como un obstáculo, pues a todas luces ha sido una de las causas del resultado electoral (con el bombazo del Brexit tres días antes de las elecciones). Sin embargo, a largo plazo nada asegura que al Reino Unido le vaya a ir peor fuera que dentro de la Unión Europea. De hecho, el primer efecto negativo del Brexit parece que está teniendo lugar precisamente en Italia, otro de los eslabones débiles de la Unión Europea. El problema con la Unión Europea no es si debemos estar en ella, sino cuáles son las condiciones en las cuales se está (esto es lo que Unidos Podemos estaba proponiendo, redefinir los objetivos de esta Unión Europea, no salir de la UE ni del Euro). Y cuando la ciudadanía española tenga que pagar de nuevo la cuenta de Bruselas, ¿qué pensará entonces del Brexit?

  4. Finalmente, a esto se puede sumar la incertidumbre económica global y la nula transformación del modelo económico español, especialmente vulnerable a nuevas crisis. La crisis de 2009 no ha terminado, por mucho que este discurso, totalmente preparado de antemano, haya podido calar en el electorado conservador que se ha movilizado para dar su voto al PP. Precisamente esta movilización de su electorado, tras cuatro años duros de recortes neoliberales, puede dar motivos al Partido Popular para recaer en uno de sus mayores vicios históricos: la arrogancia. Sabemos que cuando los dirigentes del PP se creen legitimados y autorizados, es cuando caen en sus peores errores (véase la Guerra de Irak). Por tanto, es muy posible que la próxima legislatura volvamos a encontrarnos con recortes impopulares, contestados socialmente, y ante una oposición parlamentaria muy activa.

Es en este marco donde una organización con presencia en lo social y en lo político, referenciada en lo electoral pero que forme parte real del conflicto, resulta imprescindible para organizar la salida social y democrática de esta cuádruple crisis. Vivimos tiempos extraños donde lo social y lo democráctico merece el calificativo de “rupturista”, así que imaginad por un momento lo que “recomposición” debe significar realmente en un país como este.

NOTAS:

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