Contra la división política del trabajo

Los clásicos, desde Labriola a Lenin, tenían muy claro que la cultura socialista revolucionaria era un compuesto, un todo complejo con diversos aspectos y facetas o un río con múltiples fuentes e influencias. El socialismo no es únicamente una teoría económica, una praxis política o una doctrina filosófica, sino, según el punto de vista como lo veamos, una nueva episteme con diversas fuentes o una totalidad con múltiples facetas.
La política transformadora, en estos tiempos de nuevo barbarismo especializador, tiene algo de vocación por el humanismo renacentista. Por eso, la vieja teoría weberiana sobre la distinción entre el político y el científico, entre el utilitarista pragmático y el teórico, no es de recibo para aquel que busque cambiar las cosas. Ni político ni científico en esos sentidos estrictos y de cortas miras, enmedio está la figura moderna por excelencia, controvertida pero imprescindible, y fundamental como forma de compromiso cívico: el militante.
Las organizaciones políticas conservadoras funcionan según una similar lógica de la división del trabajo. Los pragmáticos de la administración o del partido (mucho menos poderosos que aquellos) pueden pasar sus carreras sin meterse nunca en política. La política, en el sentido más elevado, la hacen los que saben hablar a los medios o pretenden saber hacerlo, los que están entrenados en mandar y hacerse obedecer en el aparato del Estado y por extensión en otros aspectos de la vida social.
No rige esto en una organización radical, que vaya a la raíz de los problemas, que quiera cambiar la sociedad y que plantee alternativas reales y sin complejos. Una organización radical no tiene políticos y masa, gurús y machacas. No tiene bárbaros especialistas sino militantes. Una organización radical es una conjura de los iguales contra los de arriba. Una agrupación de mujeres y hombres que aprenden la política en la comunidad política de su militancia.
La sociedad es lo que un modo de producción capitalista segmenta como clase, cualificada en diversas funciones y oficios. Es el reino de la necesidad: de las imposiciones económicas que te obligan a trabajar y a cualificarte para ser un empleado productivo con un lugar en la división social del trabajo.
La comunidad política debe ser el reino de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Por la comunidad política, el militante en su sector y su territorio es un igual de todo otro militante o activista. La determinación social me da un punto de partida, pero la convicción de que esa determinación puede cambiarse, de que la economía no es inamovible, nos hace iguales. Y por esto, me elevo sobre la necesidad y aprendo, me convierto en una mujer o un hombre nuevos. Hombre o mujer orquesta, que lo aprende todo, que sabe de todo un poco y aprende en la práctica que somos iguales,que cada práctica se enmarca en la misma totalidad que venimos a trastocar.

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