Los oráculos del verano y el programa de unidad

edipoDos escenarios políticos se hallan reflejados en los oráculos del verano: un ascenso de toda la izquierda a costa del bipartidismo (proyección de La Vanguardia, en http://electomania.es/proyeccion-de-la-vanguardia-agosto-2014-los-tribunos-de-la-plebe/) o un ascenso de Podemos a costa también del hundimiento de Izquierda Unida (encuesta de Sigma Dos para El Mundo, en http://www.elmundo.es/espana/2014/08/31/54022a0522601dc31d8b457c.html). Los depresivos de la izquierda, qué duda cabe, ante dos escenarios posibles nos pondremos en el peor. Quizá algunos, incluso, empujen un poquito para hacer realidad los malos augurios.

Lo más interesante de la encuesta de Sigma Dos es que una cosa da por hecho: la fragmentación en la izquierda y el ascenso de Podemos son (ambos factores juntos) necesarios para hacer inevitable una gran coalición de PP y PSOE. ¿Debe resignarse Podemos a jugar este papel en beneficio del sistema, para dar a las políticas de derechas una prórroga de cuatro años más? Seguramente que ellos, y los españoles en general, nos merecemos otra cosa.

Y aquí de nuevo, el papel de Izquierda Unida, que tiene ante sí una disyuntiva.

De un lado, podríamos optar por darle la razón a aquellos que valoran que Izquierda Unida ha sido la izquierda del bipartidismo y sólo cabe autodisolverse para integrarse en Lo Nuevo. Paradójico, porque eso equivale a decir que miles de trayectorias políticas consecuentes han sido inútiles. Díganselo a los militantes que han estado en todas las huelgas generales para defender los derechos de los trabajadores, que han visitado todos los barrios olvidados, que han trabajado en cada movimiento social desde hace décadas, que han combatido en minoría grandes consensos como la OTAN, Maastricht, la monarquía… Y que incluso a día de hoy siguen pensando que existe la izquierda, y que no debemos tan fácilmente (fetichistas somos) renunciar a que la palabra “izquierda” (o la palabra “socialista” o “comunista”) aparezcan en algún lugar de nuestros programas o de nuestros análisis y documentos políticos.

Cabe una segunda alternativa. Una Izquierda Unida debilitada sirve para una cosa: para alentar que el modelo eficaz, el “voto útil” está en aquella formación que ofrece una izquierda alternativa sin los comunistas (porque siempre que se habla de Izquierda Unida se termina hablando de eso, de la estrategia política e institucional que inteligentemente, con sus errores pero también con sus aciertos, supo poner en marcha el PCE). Una Izquierda Unida debilitada, que es la imagen que querrán cultivar los medios de comunicación, sirve como una enorme advertencia para todos aquellos que quieran transformar la sociedad en un sentido progresista: olvidad los viejos metarrelatos, olvidaos de las viejas narrativas del siglo XX. Olvidad incluso las narrativas de la Revolución francesa, de Danton, de Saint-Just o de Babeuf, olvidaos de quienes estaban sentados en la bancada izquierda.

Esto sólo se contrarresta de una manera: unidad en torno a un programa de izquierdas creíble, que se defina en torno a temas fundamentales de política institucional y económica. Izquierda Unida es más importante que nunca a la hora de aportar para la izquierda política española ese fondo político y esa estructura organizativa que hoy por hoy no tiene Podemos. Y a Podemos no le hace ningún favor la indefinición como partido atrápalo-todo sin propuestas concretas. Al contrario, esa imagen vacía favorece su imagen desestructurada y populista que a los medios tanto les interesa para hacer de ellos los “tontos útiles” de la gran coalición. Un debilitamiento del discurso de izquierdas fuera de Podemos ahondaría en esto, y el reforzamiento de la identidad de izquierdas es hoy muy necesario para reforzar también las posiciones de aquellos anticapitalistas sinceros que trabajan actualmente dentro de Podemos (ver el artículo en Viento Sur http://www.vientosur.info/spip.php?article9299).

Es la hora de hacer política desde la izquierda. Y esto significa que es la hora de defender y de impulsar las ideas de izquierdas en la sociedad, porque lo que nuestra sociedad necesita para dejar atrás décadas de ideología neoliberal e individualista es una auténtica revolución cultural que transforme el modo de ver nuestro propio papel como individuos en la sociedad. Y esto significa también que lo crucial para cambiar una sociedad no está en cuántos votos se consiga rascar (como declara Rafael Reig en su razonable artículo http://www.eldiario.es/cartaconpregunta/secretario-general-PCE_6_296130397.html), sino en qué estructuras permanentes afloran a disposición de la gente para que podamos dar la batalla de posiciones necesaria para esa transformación social a largo plazo.

Hay tarea por delante, y hay más oportunidades que nunca para un gobierno de la izquierda en este país, si nos implicamos en eso que tan bien sabemos hacer: ser capaces de sacar lo máximo de donde no hay y trabajar alegremente en minoría para multiplicar exponencialmente el agotador esfuerzo que diariamente estamos haciendo. Frente a la inexplicable tendencia, demasiado fácil, de tirar contra el “adversario” de al lado, personal o político. Desde el respeto a todas las culturas políticas, a la pluralidad de las fuerzas sociales progresistas que quieren transformar este país, tenemos que construir un espacio político de unidad donde se visualice plenamente la presencia de la izquierda real.

Categorías:Política

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