Sobre el bloque social

“el término de capital financiero no cubre, como se suele creer, el capital bancario. De hecho, este es el sentido que reviste, de manera muy definida, en Hilferding; pero Lenin, a la vez que presenta a veces deslizamientos a tal respecto en su texto sobre El Imperialismo, se guarda bien de abonar esta confusión. Mantiene siempre, contra Hilferding, el papel determinante del capital productivo, y la reproducción, bajo el imperialismo, de la distinción entre éste y el capital-dinero, siguiendo en esto a Marx. (…) Así, el capital financiero, al designar el proceso de fusión entre capital industrial y capital bancario, aunque connotando un papel nuevo y muy importante del capital bancario y del ciclo del capital-dinero, no implica en absoluto, como tal, que esta función se lleve a cabo forzosamente bajo la égida del capital bancario y por la dominación de la banca sobre la industria, lo cual sería el caso si el capital financiero se identificara con el capital bancario” Poulantzas, “La burguesía y sus contradicciones”, en Las clases sociales en el capitalismo actual, Madrid: Siglo XXI, 2005, p. 122.

Dos tesis para extraer de aquí:

  1. El capital financiero no se confunde con el capital bancario. La financiarización no es el dominio de los bancos sobre el capital industrial, sino una fase subsiguiente a la la fase del capitalismo monopolista.
  2. La lectura del dominio del capital financiero “malo” sobre el capital productivo “bueno” pierde de vista que la contradicción económica fundamental bajo el capitalismo tiene lugar en el terreno de la producción, donde se extrae el plusvalor (y al fin y al cabo, el rodeo de la financiarización, con sus contradicciones y sus crisis, tiene sentido en el contexto de la sobreacumulación del capital en la fase del dominio de los grandes monopolios, y en las condiciones donde se convierte en problema la reinversión del excedente económico).

Esto conduce a interpretaciones demasiado laxas donde el “bloque social” alternativo queda definido como una alianza con los sectores del capital pequeño y medio en la forma de “bloque de progreso”. Esta noción proviene de la teorización en los partidos comunistas de la postguerra sobre el “capitalismo monopolista de Estado”, en la que el Aparato del Estado se concebía como coordinación de los intereses de los grandes monopolios y de los grandes holdings empresariales. La estrategia política en este periodo era la de construir un “bloque antimonopolista”, donde tendrían cabida todos los sectores de la burguesía nacional, con intereses supuestamente contrapuestos a los del gran capital internacional (ignorando las relaciones de dependencia del capital pequeño y medio con los grandes capitales, y subestimando la amplitud del bloque en el poder).
La estrategia del “bloque antimonopolista” quedaba matizada en el periodo eurocomunista, cuando el Estado se concibe como atravesado por las propias contradicciones de clase, y por tanto se plantea como posible la reforma democrática del Estado, un programa de mínimos que en el corto plazo contaría supuestamente con la alianza del capital “nacional”, “pequeño” y “mediano”.
Esta noción, lejos de superarse, se repite en la actualidad en el discurso del 99% contra el 1% y en la concepción actual del giro autoritario de los estados europeos al servicio únicamente de los intereses del capital financiero o de las empresas del IBEX35. De modo que una vez más queda en el aire, para el largo plazo, la cuestión de una política de alianzas centrada en la contradicción económica fundamental entre trabajo y capital, que tendría en su agenda no sólo la democratización del Estado sino su transformación de abajo arriba en un instrumento para la revolución de las relaciones sociales de producción.
En la estrategia del 99%, como en la alianza del bloque social antimonopolista, la indefinición del bloque y de la política de alianzas se paga al precio de la puesta en segundo plano de la contradicción fundamental. Esto conlleva una temporalización y una periodización artificiosa de los obetivos para la transformación social. El bloque del 99% es una realidad cuestionada en los hechos, porque entre las empresas del IBEX35 y el mediano capital no existe un salto radical, salto que sí existe entre la mediana empresa y la pequeña. Este salto radical es algo que conceptos como el de PYMES tienden a encubrir, especialmente en la actualidad, cuando cobra más relevancia en las economías capitalistas la pequeña empresa como forma de autoempleo principalmente en un contexto marcado por la crisis económica. Considerar que el bloque alternativo comprende a “los de abajo” y también a las PYMES, no sirve más que para pasar por alto las reivindicaciones reales de pequeñas empresas que en muchos casos hoy día no sobreviven el primer año tras su constitución. Y en definitiva, abandonando a su suerte a estos segmentos y sus propias necesidades, se los arroja en los brazos de patronales que dicen representarlas.
Decía Enrico Berlinguer, un inteligente dirigente eurocomunista italiano, que “no se gobierna con el 51%” y que no se puede ignorar a la mitad de la población si realmente se pretende articular un proyecto de cambio social. Teorizaciones actuales pretenden un gobierno del 99%, lo que desgraciadamente, en una sociedad capitalista, significa renunciar a combatir por los intereses de la clase trabajadora y de los estratos que pueden aliarse con ella. La realidad es que en la lucha de clases aún no somos el 99%. Luchar por los intereses de todos significa precisar con quién se lucha y qué intereses particulares son extensibles a la sociedad en su conjunto, con el objeto de hacerla más justa e igualitaria.

1 reply »

  1. Luis Felip, planteas un terreno resbaladizo que analiza desde el mismo plano, enfoques diferentes: uno el político y otro el ideológico. Desde la posición ideológica podríamos concluir como dejás entrever que la contradicción principal entre Capital y Trabajo es la posesión de los medios de producción. Pero la realidad es más profunda, la contradicción principal viene significada por la sustracción de la plusvalia, que se asienta sobre unas relaciones de poder en la producción y en el marco institucional de una sociedad dada. Dicha relación de poder que aliena y sustrae plusvalia del trabajo para el Capital, no necesariamente se tiene que situar en la posesión privada de los medios de producción. Pues el llamado socialismo real, significó y sigue significando la alienación y sustracción de la plusvalía por formas de posesión y control de los medios que no son privadas, sino institucionales o estatales.
    El marco de las posesiones comunes y de la democratización económica abre vías, junto a los avances en tics para dar nuevos enfoques a la superación de dicha contradicción. Contradicción que se cimenta en una relación humana de dominación a superar.
    Igualmente mezclas las políticas de alianzas que pertenecen al plano político, con el ideológico que es fuente del mismo pero no lo sustituye. Pues al entrañar la política el cuidado de la polis, también es el arte de lo posible. Lenín y su concepto de vanguardia expresan bien la diferencia, entendiendo a esta como la cabeza de la clase obrera, de las masas, en su capacidad de interpretar las demandas y darles cuerpo político, situándose al frente pero no por delante y separados de las mismas.
    Es esta posición de vanguardia la que implica resisitir, contestar y pasar a la ofensiva frente a los intereses de la oligarquía de turno e histórica, desde lo posible o probable, gestando la mayor alianza de clases posibles frente a la oligarquía dominante. Aprovechando y agudizando en lo posible cualquier contradicción que se abrá nacional o internacionalmente en ella. Así el propio Lenín firmaría un pacto con los alemanes, que adelanto su vuelta a Rusia y el liderazgo de la revolución de octubre (los mismo alemanes con los que combatiría una vez hubiera triunfado la revolución).
    Es decir la política de alianzas: el bloque social de progreso, la alianza antimonopolista; son las respuestas políticas que pretendían la mayor unidad frente a la oligarquía del momento.
    Hoy la principal contradicción histórica, no ideológica y cuasi-intemporal, se situa en la desposesión o desamortización de los bienes comunes y particulares realizada por las oligarquias financieras (sean bancarias o corporativas). Desposesión provocada por la combinación de la incapacidad de creación de riqueza real, de valor añadido y las leyes de la competencia del capitalismo. Cuando no hay donde rascar, no queda más camino para acrecer que robar, y el acrecimiento es necesidad en el capitalismo. Ello acelera un proceso en el que la causa real e institucional de la incapacitación creadora de riqueza(la concentración y centralización del poder económico y su dominio del mercado e instituciones), aumenta en vez de disminuir cerrando así más aún el paso a la recuperación de la riqueza, al tiempo que incrementa la necesidad de desigualdad para alimentar la acumulación y competencia capitalista.
    Por último puntualizar el concepto de financiarización, entendiendo a ésta como el proceso en que la financiarización es decir la creación de capital por medios financieros, se extiende al grueso de la actividad económica. Hoy día las grandes corporaciones del sector productivo, consiguen gran parte de sus beneficios en actividades que considerariamos más financieras que productivas. Financiarización de la economía también significa la invasión de los patrones, valores, incentivos, riesgos morales, formas de management o gestión de los negocios bancarios, al conjunto de la actividad económica. Quizás motivado en gran parte por la accionarización y titulación del capital productivo y corporativo.
    Efectivamente Luis Felip, la conceptualización del 99% o el bloque social de progreso significan la temporalización de las alternativas, pero no por ello son menos precisas.
    Defender hoy al 99% significa plantear la línea de defensa frente a la desposesión (desamortización es el término que rememora laa desamortizaciones en España, que efectivamente lo serían mucho más de los bienes comunales de los pueblos que de la Iglesia) de lo común y particular ante la rapiña del Gran Capital.

    Un saludo y ánimo Luís Felip.

    Democracia o Barbarie.

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